Cronica de un terremoto en la Ciudad de México
El día
comenzaba con un buen café colombiano y una dona con chocolate que había
encontrado perdida en la cocina de mi casa. Daban las seis y quince de la
mañana, tome mis cosas, lave mis dientes y salí con mucha prisa de mi casa.
Subo a mi coche y me percato de que no traía gasolina, me apresure a la
gasolinera pues diario paso a recoger una chica al metro San Antonio Abad para
irnos juntos a la facultad. Terminando de cargar gasolina acelero para así no
dejar esperando a esta chica.
Una
mañana completamente iguala las demás, larga y aburrida, con clases que me
gustan y odio a la vez, pues con tanta tarea y el trabajo mi vida se repleta de
cosas con las que un día voy a explotar. Las clases terminaban y yo con la
noticia de haber sido excluido de mi equipo para un trabajo de investigación de
la materia “Procesos comunicativos en la historia de México”. Como siempre
trataba de que todas las cosas salieran bien, por lo que me propuse hacer el
trabajo por mí mismo. Una vez comentándole esto a la maestra tomo mis cosas y
me dirijo a la biblioteca para buscar algunos libros que me sirvan para
realizar este trabajo tan estresante.
Entro
a la biblioteca y me dirijo a las computadoras donde uno puede buscar los
libros, comienzo mi búsqueda con la palabra “prehispánico” cuando de repente
siento como si alguien estuviera corriendo desde la entrada, pues vaya que esa
biblioteca se siente hueca hacia abajo, cualquiera que pise fuerte puede causar
vibraciones en el piso. Puedo notar que no soy el único en tratar de buscar a
este individuo de pisada fuerte, pero no pudimos encontrar a alguien.
-¡Está
temblando!- fue lo último que alcance a escuchar antes de que tomara mi mochila
y mis cuadernos y saliera corriendo de tras de una multitud que se embotellaba
en la entrada. El pánico y la desesperación por salir de esa tan pequeña puerta
era lo único que podía sentir en ese momento. No podía imaginar lo que pasaba
afuera en ese momento, todo ocurría adentro de la biblioteca, la gente
gritando, los libros cayendo un par de trabajadores que pedían mantener la
calma, cosa que a mi parecer solo empeoraba todo.
Pude
salir ¡Gracias al cielo!, recorrí el camino que se dirigía a la explanaba baja
y si me preguntaras cual fue el peor momento de este sismo fue cuando bajaba
las escaleras para llegar a las mesas de piedra y observaba los árboles y los
edificios moverse de un lado al otro. Algunas personas muy espantadas, una
chica en el piso, sentada y llorando. Era un momento único, que especialmente
nunca había vivido.
Nos
desalojaron a todos, yo iba camino hacia mi automóvil cuando lo peor venia aún
y ni siquiera lo sabía. Creo que todos pensábamos lo mismo “Fue solo un
temblor” hasta el momento en el que encendimos la radio y comenzamos a escuchar
la magnitud de destrucción que tuvo este horrible fenómeno, edificios caídos,
fugas de gas, niños atrapados en escuelas, incendios.
Recuerdo
muy bien aquella frase “La colonia roma es una de las más afectadas, algunos edificios
colapsaron y otros están en riesgo de caer”. Aquella sensación que paso por mi
ser ya la había llegado a sentir algunas veces, pero fue indescriptible la
sensación exacta que tuve aquel día… mi hermana estudiaba en la colonia roma.
Durante
casi una hora intentaba contactar a todos los integrantes de mi familia,
des afortunadamente todos queríamos hacer eso. Las redes estaban inservibles, el
internet que tenía solamente funcionaba gracias al wifi de la facultad.
La
primera persona en contactar a alguien fue mi amigo Luis, hablo con su madre.
Le pedí que me dejara contactar a la mía y afortunadamente al primer intento lo
logre. Mi madre y mi padre se encontraban bien, mi hermano estaba en la casa,
pero nadie había podido encontrar a mi hermana aún. Mi madre pedía que fuera a
buscarla hasta allá porque ella se encontraba cerca de Santa Fe y era imposible
llegar, pero para mí fue igual.
Una
hora fue la que tarde en salir de ciudad universitaria, un camino que
regularmente se recorre en 15 minutos en coche. Todas las personas necesitaban
salir, querían regresar a sus casas. Me fue imposible ir a buscar a mi hermana.
Mi desesperación y temor de lo que podría haber llegado a pasar acabaron
conmigo en el transcurso de 3 horas que tarde para llegar a mi casa.
Al
llegar a mi casa un rayo de luz se asomó por mi desesperación al escuchar las
palabras de mi papa que decían que había encontrado a mi hermana y se
encontraba a salvo. En su escuela muchas cosas se cayeron, varios vidrios rotos
y algunas cuarteaduras nada más. Eran alrededor de las 5 de la tarde cuando
pudimos juntarnos todos en mi casa y hablar de lo que nos había pasado a cada
uno.

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