La comunicación no verbal en la ritualización prehispánica
Introducción
La
comunicación no verbal son principalmente las señas como: gestos, símbolos,
olores, etc. Estos conforman un mensaje visual. Aquí el tema que
nos concierne como comunicadores, el entender un mensaje desde su perspectiva
semiológica donde tengamos un signo y como este nos produce un significado,
siempre determinado por un contexto y una situación de comunicación.
Los
seres humanos vivimos cada día de nuestras vidas condicionados a ciertos
rituales, pero ¿Qué es un ritual? Según la Real Academia Española un ritual es
estar impuesto por la costumbre. Una costumbre conlleva hábitos y estos nos
llevan a una rutina. La rutina es básicamente lo que a los seres humanos nos da
una sensación de estabilidad y muchas veces conforman nuestra zona de confort.
Entre
los distintos tipos de comunicación podemos ubicar el visual, auditivo y
olfativo. Cada uno de estos tiene aspectos muy importantes para analizar, sin
embargo, la parte más importante de este análisis es observar la combinación de
estos tres y como pueden formar mensajes comunicativos aún más grandes y
complejos. Estos mensajes siempre estarán determinados por un espacio y tiempo,
así como por el contexto.
La
cultura es un aspecto muy importante también al momento de analizar la ritualización,
pues como nos lo determina un espacio y tiempo nos podremos encontrar con
muchos tipos de rituales dependiendo el lugar y la época a estudiar. En este
caso nuestro campo a estudiar nos lleva a la época prehispánica en Mesoamérica.
La
comunicación no verbal está constituida por una alta variedad de formas en las
que un mensaje puede ser transmitido, desde algo sencillo como un gesto hasta
algo complejo como como un baile o coreografía. Un ejemplo que nos ilustraría
muy bien esto sería el lenguaje de señas, pues este a través de gestos y señas
son capaces de transmitir un mensaje que es completamente bien entendido por el
receptor y cumple completamente con el sistema de comunicación, teniendo un
emisor, un receptor, un mensaje y un código.
Gran
parte de nuestra capacidad de captar estos mensajes no verbales actualmente ha
sufrido cambios. Con el paso de los años nuestra forma de captar los mensajes y
dar significación a las cosas se ha expuesto a un cambio prematuro en donde lo
único que podríamos reconocer sería el olor a contaminación o el sonido de un
montón de automóviles pitando la bocina.
Un
aspecto muy importante a destacar es la perdida de esta tradición prehispánica
en la que el simple olor de una flor o el olor de alguna comida típica nos daba
un significado especifico el cual podríamos utilizar para conocer algo mas allá
de lo que no se ve a primera vista.
En
Mesoamérica el aspecto visual constituía parte importante de la ritualización,
especialmente en las ceremonias religiosas, no obstante, existen aspectos casi
no estudiados como lo son el olfativo y auditivo. Los rituales en esta época
son observados desde una perspectiva de organización social, que nos da pauta
para decir que las mismas ceremonias religiosas formaban parte de la vida
política y económica de los pueblos mesoamericanos.
El
papel que ha venido desempeñando las mujeres y la forma por la cual se les
concebía dentro de la civilización mesoamericana, específicamente en el área
Mixteca alta de Oaxaca, desde el Posclásico hasta nuestros días
La
ritualidad prehispánica
México,
tierra de colmada herencia cultural. La vida ceremonial constituye una de las
características más importantes en las comunidades indígenas tradicionales de
México. Muchos de los aspectos de la vida de estas comunidades se han
manifestado desde épocas prehispánicas hasta nuestros días.
Con
la llegada de los españoles se produjo un sincretismo complejo que provoco
diferentes procesos de culturalización. Sin embargo, una de las principales
características de este periodo fue la desaparición de muchas de estas herencias
culturales. Estas progresaban por caminos propios hasta que la conquista
española vino a interrumpir este proceso.
“Las
guerras, las enfermedades, los trabajos forzados, la desaparición del antiguo
orden social y religioso provocaron que muchísimos indígenas murieran. En algún
momento pareció que las antiguas culturas desaparecerían sin dejar huellas”[1]
Nuestro
pasado prehispánico y colonial se culturalizaron formado una combinación entre
estas dos etapas importantes de nuestra historia. La tradición cultural ha
mantenido sus raíces remotas y ha recreado constantemente sus formas
expresivas, ha tenido la capacidad de irse transformando conforme el paso del
tiempo.
Félix
Báez Jorge nos dice que la religiosidad popular indígena se manifiesta de una manera
intima en la fusión entre las fiestas católicas implantadas por la iglesia a lo
largo de los siglos y la vigorosa tradición de la ritualidad agrícola
mesoamericana que mantienen sus raíces en las culturas prehispánicas.
El
ritual religioso prehispánico era uno de los más destacados, pues casi todos
los recursos utilizados tenían una connotación religiosa, una de las
perspectivas dentro del mundo prehispánico era el lado religioso. Otros puntos
destacables en la vida mesoamericana era la cacería, la pesca, el cultivo, la
guerra y el parto, todos con procesos comunicativos donde podremos encontrar
signos lingüísticos que son utilizados de una forma específica, pues cada
utensilio tiene una forma de connotación distinta.
Una
gran cantidad de símbolos son los que conforman el amplio y basto campo de
rituales y ceremonias de los pueblos prehispánicos. Tanto la comunicación
verbal como no verbal crean una parte fundamental de la acción ritual, tanto
los cantos, las pláticas como los olores, colores y objetos. No obstante, gran
parte del aspecto no verbal ha sido desestimado, pues necesita un mayor grado
de análisis, siendo incluso complejo de entender, ignorando que la comunicación
verbal necesita de la no verbal para producir un mensaje comunicativo completo
y bastante bien formado.
Doris
Heyden en su libro “La comunicación no verbal en el ritual prehispánico” nos
presenta algunos ejemplos de dicha parte de la comunicación, como el sonido de
los pies en la danza, los gemidos en los funerales, el ritmo del tambor que
cambia según el mensaje que comunicaba, la flauta que identificaba a un dios,
el olor de las flores que se usaban para ciertas deidades o en lagunas
ceremoniales especiales, el olor de las pieles desolladas que vestían los
sacerdotes después de habérselas quitado a las víctimas, o el “hedor acedo” de
la sangre durante los sacrificios masivos.
Es
aquí donde vuelvo a reiterar la necesidad de involucrar la interacción de
recursos verbales y no verbales, especialmente en una sociedad donde la
relación existente entre los aspectos políticos, económicos, sociales y
religiosos están sumamente ligados entre si.
Análisis semiológico
Si
observamos la ritualización desde una perspectiva lingüística y semiológica
utilizaremos un poco la teoría de Charles Sanders Pierce, una de las figuras
más relevantes del pensamiento norteamericano, fundador de la corriente de
pensamiento denominada “pragmatismo” y padre de la semiótica contemporánea.[2]
Pierce
nos dice que “el signo es algo que está en lugar de otra cosa y crea un signo
más desarrollado que es su interpretante”. En otros términos, un signo es la
representación por la cual una persona puede conocer algún objeto de la
realidad sin tener la necesidad de que esta se encuentre ahí, componiéndose de
un representamen, un objeto semiótico y un interpretante.[3]
Para
poder entender el mensaje que transmite algún proceso ritual hará falta
analizar cada parte desde una primeridad,
segundidad y terceridad. En la primeridad podremos notar las cualidades de
nuestro signo (un quizás puede ser), en la segundidad el efecto (lo que es aquí
y ahora) para así pasar a una terceridad para finalmente ver el producto (lo
que debería ser, según las circunstancias que existen aquí y ahora).
Al
mismo tiempo podemos identificar el cualisigno,
sinsigno y legisigno. Con estos podremos ubicar, de igual manera, primero
aquella cualidad o aparición de un signo, para después encontrar la relación
que existe en signo-medio y así entender que esta relación se usa siguiendo
reglas de manera convencional.
Consecuentemente
podremos establecer si nuestro objeto o situación a analizar forma parte de un icono, índice o símbolo. Un icono nos va
a exhibir al objeto simplemente por tener alguna igualdad entre el signo y el
objeto, con el que se pueda apreciar al menos su función y estructura. Como
ejemplo la representación de un ritual pintada a mano sobre un jarrón para la
quema de copal; esta tendrá un grado de iconicidad dependiendo lo más parecido
que sea esto al objeto real.
El
índice contiene una interrelación con algún objeto semiótico que tenga una
relación de causa-efecto entre los dos. Casi siempre determinada por una
convención social. Ejemplificando La fragancia del copal podía significar
diferentes cosas dependiendo del contexto en el que se encontrara. A veces
señalaba la presencia de alguna ceremonia religiosa o publica-civil.
Al
hablar de un símbolo hacemos alusión a la interrelación que tiene los objetos
principalmente con los hábitos y convenciones sociales. Este adquiere un valor
cultural, siempre a mayor magnitud de tal forma que una sociedad o comunidad
entiendan perfectamente este símbolo. En este caso el copal, así como funciona
como indicie, también adquiere un valor simbólico al formar parte de esta
convención social prehispánica para su uso.
Conclusión
Como
hemos visto antes México es un país multicultural, pluritecnico y
plurilingüista capaz de transmitir su herencia prehispánica por generaciones.
Esta herencia y el sincretismo entre las culturas prehispánicas y españolas
durante la colonia dieron origen a nuestro patrimonio cultural. Hoy día este
patrimonio cultural, sobre todo el intangible, aquel que conocemos como
ritualismo nacido de las concepciones religiosas de nuestros pueblos indígenas
que con el tiempo se han preservado mediante sus usos y costumbres.
Actualmente
la práctica de los rituales prehispánicos son parte de la cosmovisión de
nuestros pueblos originarios, que van desde un agradecimiento, purificación,
sanación y petición. Como dice Antonio Rubial, historiador de la Universidad
Nacional Autónoma de México, los rituales mágicos o de hechicería seguirán
presentes en la vida cotidiana. No en vano la gente acude a yerberas para
curarse de espanto o a limpiarse para conseguir salud, amor o hasta trabajo.
Bibliografía
-Heyden, Doris. La Comunicación No Verbal En El Ritual Prehispánico.
México, D.F.: Departamento de Etnología y Antropología Social, Instituto
Nacional de Antropología e Historia, 1979.
-Lagunas Rodríguez, Z. (2010). Población, migración y
mestizaje en México. México, D.F.: Instituto Nacional de Antropología e
Historia.
-Pérez Taylor, R. (2011). Antropología simbólica.
México, D.F: Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto de
Investigaciones Antropológicas.
[1] “El México antiguo, La cultura
prehispánica y su legado”, consultado el 8 de octubre de 2017,
http://www.conevyt.org.mx/colaboracion/colabora/objetivos/libros_pdf/mvn_lecc4.pdf.
[2] “Charles Sanders Peirce (1839-1914)”,
consultado el 18 de septiembre de 2017, https://comunicacion.idoneos.com/335515/.
[3] “Floyd Merrell: ‘Charles Peirce y sus
signos’”, consultado el 18 de septiembre de 2017,
http://www.unav.es/gep/Articulos/SRotacion3.html.

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